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Francisco Xavier Gómez Bello

Las vicisitudes de la biografía de un héroe casi desconocido, de quien todo mundo en Altotonga habla y nadie sabe nada


Por Fernando de la Luz


Interior del templo de Santa María Magadalena donde reposan los restos del general Gómez Bello

 

Incursionar en la biografía de alguien si no tenemos información fidedigna es más que difícil y ese es el caso que me ocupa, porque el personaje, desde que tuve noticia de él, siempre me ha apasionado, máxime ahora en el umbral del bicentenario de la independencia

Incursionar en la biografía de alguien si no tenemos información fidedigna es más que difícil y ese es el caso que me ocupa, porque el personaje, desde que tuve noticia de él, siempre me ha apasionado, máxime ahora en el umbral del bicentenario de la independencia. No todos los pueblos y ciudades del país pueden jactarse de tener un prócer o luchador social que haya participado en acontecimientos históricos como éstos y Francisco Xavier Gómes sin lugar a dudas lo fue, sólo que su recuerdo, aunque presente en el nombre de una congregación del municipio de Altotonga y en el nombre del parque de la cabecera municipal, cercanísimo al sitio donde nació y al lugar donde reposan sus restos mortales, es una vaga estela que se pierde en la monotonía cotidiana y al no haber información las historias orales heredadas por la tradición, en muchas ocasiones en vez de ayudar dificultan el claro conocimiento del personaje; por ello, antes de seguir adelante con esta breve reseña histórica o esbozo, muy por encimita de su biografía, quisiera agradecer la invaluable ayuda de María Eugenia, mi hija, quien ha consultado archivos en la ciudad de Xalapa; de mis queridos amigos Magdalena Cortés Guzmán y el Sr. Ingeniero Alejandro Guzmán Ramos, tataranietos del general Gómes, quienes de manera gentil, desinteresada y entusiasta me han proporcionado cartas, documentos, escritos, además de animarme y hacerme comentarios respecto de mi investigación, así como al diligente y acucioso estudiante de Derecho Martín Justo Preza, mi amigo, quien ha hurgado en archivos y bibliotecas de la región; sin el concurso de todos ellos, esto que se está cocinando ni siquiera hubiera sido posible comenzarlo; ahora bien, quiero agradecer de manera muy especial también al joven historiador Noel Merino Hernández, con grado de Maestro en Historia, sus consejos sobre las distintas líneas de investigación en la búsqueda del personaje y su apreciación muy especial en que me hace ver que Francisco Xavier Gómes Bello, escribía su apellido con “s”, situación constatada por él en los archivos parroquiales de Jalacingo. Así como a mi amigo Abel Juárez Martínez, insigne historiador y prolífico escritor que me puso en contacto con Noel Merino Martínez, de quien sabía y había oído hablar de él hace tiempo, pero no habíamos coincidido.

Francisco Xavier Gómes Bello, prócer de la consumación de independencia nacido en la ciudad de Altotonga, Ver., probablemente entre los años de 1790 y 1795 (se cree que la fecha más factible sea la de 1794 y que haya nacido el 4 de octubre), en la esquina que conforman las calles de Hidalgo y Rayón, en la casa ahora propiedad de la familia Amorós Herrera, donde hay una placa que consigna el hecho. Pero, definitivamente nunca fue “insurgente” como tal y como suele afirmarse. Hijo del rico comerciante español Pedro Gómez, era un joven culto, instruido y educado acorde a las costumbres de la época e inquieto sobremanera; desde muy jovencito hizo estudios en la ciudad de Puebla y de regreso a su pueblo ingresó a las milicias urbanas virreinales en Altotonga con el grado de teniente, en 1816, a la edad de 22 años. A esos cuerpos bélicos constituidos por personas de las poblaciones (comerciantes, agricultores, artesanos, hombres de los pueblos en general) se les conocía también como “Los libres”, por adherirse en forma voluntaria a la milicia, y tenían por objetivo apoyar al ejército regular oficialmente constituido; incluso se sabe que llegaron a combatir a las huestes de insurgentes veracruzanos en la costa de Barlovento.

El hecho de que haya estudiado en Puebla primero y que en 1816, a los 22 años de edad, se haya enrolado en las milicias urbanas virreinales, arroja luz en el sentido de que lo más probable es que nunca haya conocido ni tenido trato alguno con don José María Morelos y Pavón –como lo mencionan algunos autores– , quien fue fusilado el 22 de diciembre de 1815 en el poblado de Ecatepec, cercano a la ciudad de México; su relación con próceres insurgentes como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Anastasio Bustamante y otros, se da en la última etapa de la lucha de independencia, cercana a la consumación. En 1820 fue ascendido a capitán y se encontraba en esa situación cuando se da en el sur del país la promulgación del Plan de Iguala por Agustín de Iturbide, el 24 de febrero de 1821; al saberse la noticia en Altotonga, ya en el mes de marzo, Francisco Xavier Gómez Bello congrega a la población y a los sesenta y cinco hombres que integraban su compañía y, en un acto cívico, proclamó su adhesión al Plan de Iguala y anunció la futura consumación de la independencia de México. Desde ese momento se sumó a la lucha por la libertad del país, se integró a las huestes del general Guadalupe Victoria y luchó al lado del teniente coronel José Joaquín Herrera, oriundo de Xalapa y vecino de Perote. Se sabe que en mayo de 1821 combatió a los realistas en la defensa de la ciudad de Córdoba y venció a las fuerzas del general Hevia, según lo acota la doctora Adriana Naveda Chávez-Hita en su libro La Guerra de Independencia en Córdoba, Veracruz, Narración de un Testigo. Ahí, en ese excelente trabajo de recopilación y edición que hizo la doctora Naveda, publicado en la Colección “Biblioteca Veracruzana”, de la editorial de la Universidad Veracruzana, se lee, en las páginas 87 y 88: … a pesar de los contrarios y de los irresolutos entró en Orizava el Teniente Coronel D. Joaquín Herrera acompañado del que lo animó, Francisco Xavier Gómez, que trahia la compañía de Altotonga: y uniéndose allí con las dos compañías de Feliz Luna, cuyos dragones eran tan vizarros como su capitán; …mientras, quedó la plaza de Córdova con una corta Guarnición a las órdenes de Gómez.

En la batalla y el sitio de Córdoba fue él quien construyó los parapetos para combatir a las fuerzas de Hevia y fue él también quien le indicó a uno de sus subalternos, de nombre José María Velásquez, cazador profesional, que le apuntara a la cabeza al general Hevia, que cayó sin vida de inmediato ante la puntería y precisión del tirador.

En 1823 fue ascendido a coronel del ya ejército mexicano, bajo las órdenes del general Guadalupe Victoria y es precisamente en ese año, los días 31 de marzo y posteriormente el 11 de abril, que de manera conjunta con el coronel Mariano Barbosa, a nombre de los militares de Veracruz felicita a los integrantes del Soberano Congreso y a los integrantes del Poder Ejecutivo y firma como Francisco Xavier Gómez Bello. Poco después, ostentando todavía el grado de coronel y ocupando el cargo de gobernador del Castillo de San Carlos de Perote, firma una proclama con todos con quienes trabaja en la mencionada fortaleza desconociendo el Pronunciamiento que hiciera Antonio López de Santa Anna desde San Luis Potosí el 18 de mayo de 1823. Esta proclama la firma como gobernador Francisco Xavier Gómez.

En el año de 1824 Guadalupe Victoria le certificó un documento en que avalaba su lealtad y capacidad militar. Entre otras cosas, decía lo siguiente: En las distintas épocas que este general se ha hallado a mis órdenes he sido testigo ocular de su mucho valor, bastante capacidad, más que suficiente instrucción; principios de matemáticas y buena conducta militar y civil; siendo por lo tanto uno de los que en su idea prometen a la patria las más halagüeñas esperanzas. Lo dicho por el general Victoria avala el hecho de que en ese momento Francisco Xavier Gómez ya había ascendido al grado de general.

Ya en 1826, teniendo en ese entonces 32 años, solicitó una licencia en el ejército para contraer matrimonio con Manuela de la Torre García Nieto, originaria de Teziutlán. Al solicitar su retiro temporal del ejército, permiso que le fue concedido, se le otorgó como prestación la tercera parte de sus haberes, a lo que él renunció para que se reembolsara al erario su sueldo. Más tarde, ya casado, ante la movilización de los ejércitos con motivo de la pretendida invasión de Barradas en 1829, durante la presidencia de Vicente Guerrero, solicitó su reincorporación al ejército, la cual le fue aceptada, ordenándole que se presentara en la División de Reserva a las órdenes del general Bustamante, en la ciudad de Xalapa. Durante su reincorporación, probablemente debido a la fobia contra los peninsulares (españoles) a raíz de la invasión de Barradas, en Altotonga, como en algunos otros lugares del país, se desató una persecución contra éstos. Siendo Pedro Gómez, su padre, además de español, un rico comerciante y agricultor muy conocido en la región, no creyó necesario expatriarse y permaneció en la región escondido en unas cuevas hasta que se calmaran los ánimos y sólo un peón de sus confianzas sabía dónde se escondía y le llevaba alimento. Descubierto su escondite, el pobre hombre fue llevado a Altotonga montado al revés en una mula, con la cara hacia las ancas y cola del animal, vendado de los ojos, y después de injuriarlo, se le fusiló en el centro de la población. Este infortunio familiar del que se sabe poco y está inscrito dentro de los acontecimientos que produjo la exaltación del odio hacia los españoles, siempre persiguió y pesó mucho en el ánimo de Francisco Xavier Gómez, quien además de haber perdido a su esposa al mes de haber dado a luz a su única hija, Manuela Gómez de la Torre, perdió de manera tan trágica a su padre.

Ya en 1833, Francisco Xavier Gómez aparece en Oaxaca en campañas en las que le toca compartir responsabilidades con el general Victoria y se le liga a la comandancia del Batallón de Tres Villas, que se supone él dirigió un buen tiempo. Después aparece otra vez como jefe de la guarnición de Perote en la Fortaleza de San Carlos, donde se le ubica hasta fines de 1836, cuando al comenzar la revolución de Olarte, nuevamente el general Guadalupe Victoria lo invita a participar y a que lo acompañe en esa campaña de pacificación de la región de Papantla. Al término de esa campaña, perseguido por las fuerzas leales a Santa Anna, no se vuelve a saber nada de él hasta el 17 de abril de 1838, cuando aparece en la ciudad de Puebla solicitando su amnistía y permiso para retirarse del ejército. En su escrito dirigido al gobierno dice, entre otras cosas: “… A fin de quedar expedito para entrarme luego al Estado eclesiástico y confirmar las inclinaciones y retardados deseos que desde mi infancia me animaron. Así podré hacer a Dios y a la Patria mejores servicios en tan sublime estado. Y como quiera que el torrente de mis desgracias particulares y vicisitudes de la milicia han causado a mi pobre familia e intereses casi su total ruina…”. Cuenta la tradición que precisamente a principios de 1838, habiendo sido perseguido don Francisco Xavier Gómez hasta el mismo pueblo de Altotonga por elementos de las tropas del general Antonio López de Santa Anna, su acérrimo enemigo, al llegar a su casona en la Hacienda de Santa Cruz una de las sirvientas lo escondió debajo de una pila de mazorcas del granero y los soldados, aunque metieron sus bayonetas entre las mazorcas, no lo encontraron. En aquel trance, se dice, Gómez prometió a Dios que si se salvaba se consagraría a la carrera eclesiástica, promesa que cumplió una vez que llegó hasta la ciudad de Puebla, y se consagró como sacerdote con los monjes vicentinos. Una vez ordenado, solicitó al obispado de Puebla, adonde pertenecía la parroquia de Atzalan, ser cura seglar y que le adjudicaran la coadjutoría de la capilla o templo en Altotonga, su tierra natal, dejándole todos sus bienes materiales, incluyendo la Hacienda de Santa Cruz, a su hija, Manuela Gómez de la Torre, a quien había procreado con su fallecida esposa, Manuela de la Torre García Nieto. Se sabe que Manuela Gómez de la Torre casó con un señor oriundo de Atzalan llamado José Juan Guzmán y fueron los padres del ilustre Dr. Daniel Guzmán Gómez y de ocho hijos más. Se cree también que Manuela Gómez de la Torre era prima del Lic. Rafael Martínez de la Torre. Francisco Xavier Gómez Bello, quien usaba el “Xavier” con “X” pues el uso de la “J” se generaliza en el país ya bien entrado el siglo XIX, al contrario de Hidalgo, Morelos y Matamoros, asumió la condición de clérigo al declinar la carrera de las armas en 1838. Se supone que debido a su preparación previa, sus estudios en el seminario para recibir la ordenación no debieron de exceder de entre cuatro y cinco años, ya que de joven, en la ciudad de Puebla había acudido al Colegio Palafoxiano a estudiar y recibir en ese entonces las órdenes menores sacerdotales y luego regresar a Altotonga a encargarse de asuntos familiares; ya para 1842 había recibido la ordenación sacerdotal.

Se cree, y puede ser factible, que su fallecimiento se haya dado entre 1851 y 1853 en la ciudad de Xalapa. Lamentablemente, en los libros de defunciones que obran en poder del obispado de Xalapa no existen datos a partir de 1848 y vuelve a haber de 1859 en adelante. Lo que supone la placa que resguarda sus restos mortales en la parroquia de Santa María Magdalena, en Altotonga, que asienta como fecha de su fallecimiento el 11 de octubre de 1837, parece no ser verdad en lo absoluto, pues el ilustre militar y prelado ciertamente falleció al inicio de la segunda mitad del siglo XIX. Es más, en el libro de defunciones de 1837, concretamente el 11 de octubre, no hay asentada ninguna defunción; del día 9 de octubre de 1837 se brinca al 13 del mismo mes y año. Curiosamente, se maneja 1837 como el año de su fallecimiento porque coincide en que su nombre como general, como militar destacado en la región desaparece de la escena y nadie más vuelve a saber de él; cuando regresa, cuatro o cinco años después, es otro hombre, otro personaje: el padre Francisco Xavier. Incluso tal vez tendría otro seudónimo, algo así como fray Francisco. Entonces, ¿cuándo nació?, ¿cuándo murió?, ¿cómo vivió?, ¿era realmente el propietario de la Hacienda de Santa Cruz?, ¿fue hijo único?, ¿murió su padre, Pedro Gómez, de la manera como se narra?, ¿era amigo de Guadalupe Victoria, de José Joaquín Herrera?, ¿era enemigo acérrimo de Santa Anna?, ¿cuánto tiempo fue cura coadjutor en Altotonga? Éstas y más incógnitas se nos antojan descifrables, narrables, como que la duda y la incertidumbre en los poquísimos datos que conocemos acerca de él nos mueven a investigar más dentro de ese maravilloso mundo que fue la primera mitad del siglo XIX mexicano, porque dejar todo en manos de la rica, aunque dudosa, tradición oral no nos lleva a ningún lado.

Como colofón a este pequeño artículo sobre algunas notas sobre la biografía de don Francisco Xavier Gómez Bello, quiero dejar asentado el hecho de que he iniciado la escritura de una novela histórica, no biografía, denominada Bajo la niebla, que contempla la apasionante vida de este prócer mitad militar, mitad sacerdote, que encierra toda una época en la apacible vida de Altotonga, a la sazón villorio, caserío, porque todavía no alcanzaba la categoría de villa, misma que se le concede hasta el año de 1881.


Como colofón a este pequeño artículo sobre algunas notas sobre la biografía de don Francisco Xavier Gómez Bello, quiero dejar asentado el hecho de que he iniciado la escritura de una novela histórica, no biografía, denominada Bajo la niebla, que contempla la apasionante vida de este prócer mitad militar, mitad sacerdote, que encierra toda una época en la apacible vida de Altotonga, a la sazón villorio, caserío, porque todavía no alcanzaba la categoría de villa, misma que se le concede hasta el año de 1881.

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