Ignacio L. Vallarta Ogazón
Ignacio L. Vallarta Ogazón, bautizado con los nombres de José Luis Miguel Ignacio, hijo del señor Ignacio Vallarta y la señora Isabel Ogazón, tal vez uno de los personajes más emblemáticos del Poder Judicial de la Federación y quien con más dignidad defendiera, a su paso por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la independencia del Poder Judicial Federal, nace en Guadalajara, Jalisco, el 25 de agosto de 1830, y a lo largo de su fructífera vida se distingue por su talento y agudeza innata, que lo llevan a ocupar tanto cargos dentro de la administración pública federal como puestos de elección popular, entre los que destaca, a sus escasos 26 años, su elección como diputado al Congreso Constituyente Extraordinario 1856-1857 y gobernador interino primero y posteriormente constitucional del estado de Jalisco. Culmina sus estudios de jurisprudencia en el Instituto del Estado de Jalisco, al recibirse de abogado el 24 de diciembre de 1855, con la tesis ¿Es ilícito al hijo acusar criminalmente a su padre? Cuando estalla la Revolución de Ayutla se suma a las filas del Partido Liberal y funge, ya en 1855, como secretario particular del gobernador Santos Degollado; más adelante, una vez realizada su experiencia como legislador al Constituyente del 57 y darse el golpe de Estado de Comonfort, se identifica con Benito Juárez, al que acompaña en algunas de sus correrías e itinerancias por el país, primero durante la Guerra de Reforma y después durante los aciagos años de la Intervención Francesa.
Como jurista, administrador, político y hombre de ideas comprometido con su tiempo y sus convicciones, marca todo un hito en la historia del Poder Judicial de la Federación al defender la autonomía del mismo frente a las intromisiones de Manuel González y Porfirio Díaz, prefiriendo renunciar a su cargo de presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que aceptar la sumisión del Poder Judicial al Ejecutivo. Al triunfo de la república, Juárez lo nombra Secretario de Gobernación en 1868. En 1869 fue electo diputado por Jalisco al Quinto Congreso Constitucional, y del 27 de junio de 1871 a 1875 funge como gobernador constitucional de Jalisco, donde su administración se distinguió por haber fundado la Escuela de Agricultura de Jalisco y haber establecido la obligatoriedad de la educación primaria en el estado antes que la Federación.
Al llegar al poder en 1876 Porfirio Díaz lo nombra Secretario de Relaciones Exteriores y se convierte en el internacionalista que logra el reconocimiento del gobierno de Díaz por parte de Estados Unidos, sentando un importante precedente, como lo hace notar el Dr. Manuel González Oropeza, con sus declaraciones en el sentido de que no es lícito dejar el reconocimiento de gobiernos al arbitrio de otros países, ya que la formación de los gobiernos es un derecho de los pueblos y constituye un principio de justicia, según la Ley de las Naciones. En otras palabras, emite un pronunciamiento que antecede a la doctrina de Genaro Estrada sobre el no reconocimiento de gobiernos.
El 14 de mayo de 1877 es electo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cargo al que renuncia el 16 de octubre de 1882, siete meses antes de que concluyera su gestión, al no ceder a las presiones de Manuel González y Porfirio Díaz, a la sazón gobernador de Oaxaca, para tener injerencia en los nombramientos de jueces y magistrados. Miembro de la brillante generación de liberales como Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez, Protasio P. Tagle y Antonio Martínez de Castro, entre otros, se destacó por sus trabajos de jurisprudencia y su actuación al frente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde trazó directrices definitivas en cuestiones constitucionales, tales como la incompetencia de origen, las facultades extraordinarias del Ejecutivo y la amplitud del amparo. Es famosa su obra El Juicio de Amparo. A su muerte, el 31 de diciembre de 1893, tenía 63 años de edad y llevaba ya once retirado de la vida política, dedicado únicamente a atender su bufete jurídico.
|