Las porciones de carne que debe llevar
Tanto el pollo como la carne de cerdo deben ir crudas, en trocitos de regular tamaño de acuerdo con las dimensiones del tamal. Podríamos pensar en pedazos de 70 a 80 gramos, pues al cocinarse tiene una merma significativa, en especial la carne de cerdo.
¿Qué hacer con las hojas?
Cuando se escogen las hojas hay que buscar que éstas sean de buen tamaño, lavarlas y desinfectarlas muy bien y ponerlas a remojar en una cubeta durante unas dos o tres horas para que queden lo suficientemente manejables y no se rompan.
¿Y qué con los hongos tecolcoscas?
En la región de Altotonga existe un hongo muy apreciado por lugareños y extraños que se conoce con el nombre de tecolcoscas y que se da de manera natural en las oquedades de los encinos o escondido entre la hojarasca. Generalmente se desarrolla en los meses de octubre, noviembre y diciembre debido a la aparición de la niebla baja y densa que le proporciona a la tierra una temperatura fría y húmeda. Es un regalo de la naturaleza que los altotonguenses siempre han sabido apreciar y se cotiza a muy buen precio. Los hongos, ya lavados, se agregan a la carne y se introducen en el tamal. Si usted los puede conseguir, se los recomiendo; ahora bien, a falta de éstos, la variedad del champiñón cultivado también le van bien a los tamales.
Después de todas estas minucias, por fin comienza la meticulosa tarea de hacer los tamales. Se toma la hoja, se extiende en ella la masa, se le coloca el pedazo de carne, los hongos y se rocía de manera generosa con la salsa del mole de hojas de pimienta. Se cierra cuidadosamente, se le coloca otra hoja a la contra para que la masa y el contenido no se salgan se van colocando en una vaporera de manera vertical en círculos concéntricos, unos sobre otros, hasta llegar a la parte de arriba, donde se introduce un pedazo de tela de algodón, de jerga podría ser, un plástico encima y se tapan. Previamente, a la vaporera se le debe colocar el agua suficiente para hora y media de cocción y, como sugerencia curiosa, se le deben agregar al agua dos o tres monedas que, al hervir, sonarán de manera constante y nos indicarán, mientras suenen, que la vaporera tiene agua. Si es posible y de acuerdo con las consejas populares de Altotonga, a la olla o vaporera se le hacen sendas cruces de cal a los lados y se persigna la olla antes de cerrarla. Después de hora y media de cocción se pueden sacar uno o dos tamales para cerciorarnos de que la carne se ha cocido.
¿Verdad que es apasionante lanzarnos a la aventura de, como dicen los lugareños de Altotonga, “parar una olla de tamales”, disfrutarlos con una buena taza de café negro u atole y repasar todo lo que culturalmente implica este delicioso platillo mestizo que nos ha sido heredado de generación en generación y que, haciéndolo, exorcizaremos su olvido?
Ya entrados en gastos y si nos sobró algo de masa, por qué no hacer unos ricos chilehuates, unos tamalitos de chícharo o los clásicos pintos de frijoles tiernos.